LA CALLE REAL RECORDANDO A LOS AMIGOS
LA CALLE REAL
Recordando a los
amigos
HACE CUATRO AÑOS NOS DEJÓ JAIME TOBÓN NARANJO
JAIME TOBÓN NARANJO
Gilberto Montalvo
Jiménez
Conocí, por fortuna,
a Jaime Tobón Naranjo hace unos cuarenta y cinco años cuando vivíamos en la
entrañable casa de Rosita Gómez de Patiño en la carrera 17 entre
calles 19 y 20, donde se respiraba solo amor y solidaridad, una familia con
todos sus hijos admirables que hacían de las dificultades propias de nuestro
desarrollo un nido de afectuosos momentos. Noches interminables de bohemia con
las mejores canciones y la política en discusión con temas cada vez más
positivos para la formación integral que buscábamos.
Jaime de izquierda
moderada defendía algunos principios filosóficos de esa anacrónica expresión
política derrotada con la caída del muro de Berlín, la disolución
de Unión Soviética y revivida por algunos dictadorzuelos que
se empotraron como modelo de propietarios absolutos de unos países que
mantienen el hambre con el despotismo de sus gobernantes que ostentan el
elemento sustancial de su permanencia como monarquías absolutistas.
Esto nunca fue motivo para empañar nuestro colegaje y amistad porque si
bien no compartía todas sus veleidades las respetaba y respeto con toda
autenticidad.
Tobón con su
proverbial distinción de “tajada”, como así lo detallaron desde sus primeros
años de bachillerato en el Rufino sus compañeros, se inició con este
garrapateador en las lides del periodismo cuando lo llevé de la mano a la
antigua Radio Estrella donde era gerente, entonces. Ahí empezó su larga carrera
de periodista.
Su vasta
cultura, sus excelentes lecturas y su formación integral le dieron herramientas
suficientes para convertirse en un buen comunicador, por supuesto, elementos
sustanciales para formarse en la exigente marcha de una de las profesiones u
oficios más importantes en la edificación plural de las sociedades.
Contertulio de
campanillas para analizar las obras literarias, históricas o biográficas del
momento, las corrientes filosóficas y sobre todo la melomanía que ocupó un
lugar privilegiado en su gigantesca cabeza de Pulpo. Tranquilo iba de los
denominados clásicos hasta su reverencia por Luis Alberto Posada o el Caballero
Gaucho, no tenía distinciones.
Luego del cuaje como
periodista profesional fue cooptado por una círculo vicioso que hizo del
periodismo una fuente lucrativa sin escrúpulos que se enriqueció en los
vericuetos chantajísticos de la extorsión a los mandatarios de turno quienes
cedían amenazados ante la inquisición de sus protervos procederes.
Se liberó Tobón por
un tiempo cuando fue llamado por RCN en donde estuvo tranquilo sin sobresaltos
pero de nuevo llegaron las arpías que abusando de su bonhomía lo hicieron rehén
con base en mentiras y lo convirtieron en un dependiente de sus infames
procederes.
Hasta hace unos pocos
años Tobón madrugaba buscando los míseros dineros de sus alcancías en derrota
para cumplirle a los mentirosos que por espacio de más de 25 años le robaron
sus sueños, nunca le pagaron lo justo, le escatimaron la seguridad social para
que no pudiera tener, no el privilegio, si no la merecida pensión.
Esa empresa de
vividores dejó a Tobón, especialmente, pero a otras personas
también, en la inopia total, en la soledad absoluta donde muy pocos, casi que
ninguno de sus amigos, se acordaba del compañero de grandes batallas.
Mientras sus
secuestradores se llenaban las alforjas Jaime Tobón iba poco a poco limpiando
el camino de la desgracia.
Hoy hace cuatro nos
dejó Jaime, maltrecho, arruinado moral y materialmente aunque por fortuna
conservó su dignidad esa que le permitió reflexionar manteniéndose enhiesto y
sin dolor en su alma solo protestando ante esa cáfila que abusó de su
generosidad y, esos, que hoy siquiera nadie sabe qué se hicieron.


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