martes, 10 de febrero de 2026

HOMENAJE EN EL DIA DEL PERIODISTA AL PADRE DEL PERIODISMO MODERNO

 


TOM WOLFE

 HOMENAJE EN EL DÍA DEL PERIODISTA AL PADRE DEL PERIODISMO MODERNO

TOM WOLFE "PERIODISMO UNA CUESTION DE MIRADA"

Armenia, febrero 9 de 2026

 

 “PERIODISMO UNA CUESTIÓN DE MIRADA”

 Gilberto Montalvo Jiménez

 Cuando Tom Wolfe acusaba las carencias propias de un pobretón en bancarrota en los años sesenta y se apresuraba a usurpar de manera legal el seguro de desempleo  le llegó como por encanto la musa que lo inspiró a convertirse en el padre del Nuevo Periodismo usando el desenfreno, la sátira mordaz para darle identidad y vida propia a la cultura Pop que por esas calendas comenzaba a instalarse en el concepto cultural de quienes vibraban al encontrar novedades que hicieran mover los sentimientos. Wolfe lo logró con su reportería que le daría el sitial de preeminencia que lo ubicó hasta su muerte a los 88 años en la ciudad de Nueva York.

 Con el Nuevo Periodismo de Wolfe este ya no sería igual para siempre.

 Amante de los exquisitos textos de entonces (1973) Wolfe se ocupó de recrear con su fina pluma los escritos de Rex Reed, Barbara Goldsmith, Norman Mailler y muchos otros que incluyó en un  texto de antología que ha servido como mojón de aprendizaje para los interesados en estos temas del Nuevo Periodismo.

 Hoy ningún periodista serio en el mundo ha desechado la oportunidad de abrevar en los filosos textos de Tom Wolfe.

 Se escapó de su natal Virginia y en su condición de sureño se fugó a las estancias siderales de Washington y Nueva York. Allí comenzó su tráfago intelectual de reportero insaciable en el Washington Post y el Heraldo Tribune.

 Este grande de las letras estadounidenses prestado por la reportería a la literatura centraba su obsesión perfeccionista de la narración al “ir más allá del periodismo objetivo” y defendió con fuerza su criterio de que “el periodismo debe ser absolutamente verídico y al mismo tiempo, tener la cualidad absorbente de la ficción.

 Por su pluma desfilaron las luminarias de entonces, los heliotropos de la arquitectura moderna y sobre todo esa extraña casta de la izquierda de élite neoyorkina con ese tufillo de contradicción. Oligarcas marxistas.

 Se pueden recordar muchas de sus contribuciones al periodismo moderno pero con mano alzada  “El coqueto aerodinámico rocanrol color  acaramelado del ron“ o “ Ponche de ácido lisérgico” podrían aligerar las lecturas de los que comienzan en esto del periodismo.

 Se destaca, como lo asegura la BBC, que Tom Wolfe siempre mostró su fascinación por  Maupassant, Balzac y Dickens. En efecto dejaron su sello en el padre del Nuevo Periodismo, estos escritores de gran altura son infaltables en las cabeceras de los buenos lectores.

 Ya tarde a sus 57 almanaques llega su primera novela, HOGUERA DE VANIDADES, una escultura monumental del buen escribir en torno a un tema escalofriante sobre los blancos, negros y grises de la alta sociedad neoyorkina aunque alegaba siempre que para el escritor de no ficción es muy difícil adentrarse en la novela, pero lo logró. Un éxito incomparable que lo volvió un millonario absoluto. En 1987 todo su papel en libros se agotó en cientos de confines.

 Siguieron otras novelas de renombre como TODO UN HOMBRE sobre la putrefacta sociedad corrupta de Atlanta. Y muchas, muchas más.

 El periodismo Nuevo no volvió a ser el mismo después de Tom Wolfe, quien murió un lunes 14 de mayo de 2018 en Nueva York a los 88 años, cuando un ataque hemipléjico lo condenó al terreno de los inmortales.

 

 

miércoles, 12 de noviembre de 2025

ECO DE UNA TRAGEDIA QUE PUDO HABERSE EVITADO

 

 

 ECO DE UNA TRAGEDIA QUE PUDO HABERSE EVITADO

LA CALLE REAL

Armenia, noviembre 13 de 2025

LOS SORDOS YA NO HABLAN (Gustavo Álvarez Gardeazábal)

292 páginas EDICIONES UNAULA



 

 ECO DE UNA TRAGEDIA QUE PODRÍA HABERSE EVITADO

 

Gilberto Montalvo Jiménez

 

Quienes conocen a Gardeazábal, y no son pocos, se han acostumbrado a sus narraciones extraordinarias plenas de humor crítico, carga histórica y fluida narración de encumbrada estirpe literaria, lo que les ha permitido, de paso, exaltarlo al santoral de los mortales como una especie de arúspice etrusco o profeta sin tonsura.

El escritor colombiano o más bien tulueño o mejor universal no es nada de eso, esa magia intrínseca la ha logrado a través de su tozudez, cualidad innata para husmear los hechos y las rutinas, pero en nada gratuita si no por el contrario dada su experticia que desde niño le obligó a abrir los ojos para otear las circundancias, verificar, confrontar y con contagiosa terquedad cerrera no dejar cabo suelto en lo que se propone.

 

Desde muy temprano tuvo su inclinación por las columnas periodísticas que le publicaban los periódicos elitistas y de esa rancia oligarquía vallecaucana de la que denosta con frecuencia y que a la postre dada su perseverancia y trasgresión se las “colgaban” con la severidad de don Modesto Caicedo en Occidente o la diplomacia y donosura de Rodrigo Lloreda en el País. Pero desde ahí y por siempre ha sido un censurado.

 

Su condición de investigador, rutina de escogidos para iluminar los caminos de la sociedad donde se mueven, lo empujó a un abismo insondable de nuevo en sus columnas de La Patria de Manizales y de El Colombiano de Medellín para intuir que no le parecía prudente que existiera una indiferencia mortal de la dirigencia “azucena” mimada por el centralismo bogotano frente a las posibilidades de una tragedia originada por el Volcán del Nevado del Ruiz. La intuición de Gardeazábal no se quedó ahí, donde como siempre la han calificado de “elucubraciones de novelista” y se metió de narices a escudriñar la historia, que se repite en ciclos evidentes, para postergar otros proyectos e imbuirse en una aventura exótica que lo llevó a pasearse por las crónicas precolombinas de Fray Pedro Simón, cantera donde abrevó como alumno de la Universidad del Valle de la mano de su decano Oscar Gerardo Ramos, encontrándose la narración de la explosión del Volcán de Cartago en 1598 que botaba piedras hasta lo que hoy es Toro en el Valle del Cauca.

 

Gardeazábal, como era de esperarse, no se quedó ahí y de paso se fue acucioso al Papel Periódico Ilustrado y textos de 1860, en donde le pegó a la diana al encontrarse que ya en el 1857 había explotado el Volcán del Ruiz y se había llevado la población ubicada en lo que posteriormente fue Armero.

 

Comenzó su cantaleta documentada que lo llevó a ser despreciado por las elites del azucenaje, quienes temían que ante las revelaciones del escritor se podría afectar la Feria de Manizales ¡Vaya estupidez!

 

Y pasó lo que tenía que pasar: el l3 de noviembre de 1985 se vino encima la “bombada”, como la venía llamando el escritor, y la estela macabra de cerca de cuarenta mil muertos, los cuales disimularon con la entrega mediática de los diarios y las revistas capitalinas que se encargaron especialmente a través de la pluma de Germán Santamaría de entretener con la agonía de Omaira Sánchez, la niña convertida en símbolo de la tragedia con la otra incapacidad de salvarla del lodazal. Ahí con micrófonos y altoparlantes el mundo la vio expirar.

 

Cinco años después, como un reto ante sus críticos que lo fustigaban porque se había apartado de la literatura para irse a la política y por entonces convertirse en alcalde de Tuluá, surgió: LOS SORDOS YA NO HABLAN, una narración de encanto donde se trenzan, como es usual en el escritor, sus cargas históricas irrefutables, la magia de una tonalidad de pincel genial en sus 292 páginas, muchos años después reeditada por Unaula de Medellín.

 

Lo que fue una sacada de clavo para quienes le censuraban su paso a la política se convirtió en una de sus mejores novelas, pero también en un testimonio desgarrador con personajes de carne y hueso y con simultaneidad notariando la denuncia que por muchos años hizo y a la cual los mediocres e indiferentes manejadores de la cosa pública de este país le dieron una razón, esa razón tan costosa que jamás podrán borrar de la memoria del mundo.

 

Leer LOS SORDOS YA NO HABLAN, para quienes tienen 40 o menos años o releerla para los que tuvieron la fortuna de hacerlo en 1990, es fascinante porque se estrella el lector con un documento de indudable valor histórico y una novela que destapa la canallada de unos seres humanos que privilegian una carnestolenda ferial a un sismógrafo porque eran tan imbéciles que argumentaban no necesitarlo porque la perra Laika, protegida de los guardabosques de la región, era el mejor elemento tecnológico, porque cuando movía la cola era porque el Volcán estaba en vía de erupción, y con toda seguridad esta no es una exageración del novelista, si no la realidad de un investigador nato que lo revela nuevamente como uno de los mejores en su género.

Pasearse por los SORDOS YA NO HABLAN es una necesidad intelectual para conocer nuestra historia con una profunda exquisitez sociológica. 

Gilberto Montalvo Jiménez

 


martes, 28 de octubre de 2025

LA CALLE REAL 31 DE OCTUBRE DE 2025 ...109 AÑOS DEL NACIMIENTO DE LA MAGISTRAL CARMELINA SOTO

 

LA CALLE REAL

Armenia, octubre 31 de 2025

 

                                                                                                                                  

31 de Octubre de 2025….109 años del nacimiento de CARMELINA SOTO

(0CTUBRE 31 DE 1916 MARZO 18 DE 1994)

 

 

Carmelina Soto

 

 

Por 

Gilberto Montalvo Jiménez

 

 

Por aquellas calendas del centenario de Armenia el alcalde Fabio Arias Vélez y su grupo cultural decidió imponer la Violeta de Oro a la poeta Carmelina Soto Valencia.

 

La Violeta de Oro tiene un reconocimiento desde la Francia del siglo IXX y asumida por los catalanes  cuando a los mejores bardos se les difundía su trabajo lirico en una publicación del mismo nombre.

 

Tiempos después se institucionalizó como una distinción en reconocimiento a los grandes vates y en Armenia se retomó la costumbre la cual duró poco.

 

Recibieron esta distinción también los poetas Jairo Baena Quintero y Alfonso Osorio Carvajal.

 

Se tenía el temor, dada la irreverencia de Carmelina y su inclinación ferviente de no aceptar lisonjas ni reconocimientos, que rechazara el homenaje, como en efecto sucedió.

 

Sin embargo, el jefe de turismo y cultura de la época Luis Fernando Ramírez Echeverry y su asesor Jhon Jaramillo Ramírez, conociendo mi cercanía con la poeta me encomendaron de manera casi ordenanzal que debía convencerla.

 

Acudí como siempre lo hacía a uno de nuestros encuentros y en medio de disquisiciones largas y argumentaciones de peso sobre su valía  y lo que podría considerarse como un desaire para con su ciudad en el Centenario, aceptó.

 

Frente a su poema  'A mi Ciudad', esculpido en bronce en el Parque  Sucre, el 14 de octubre  de 1989 el pecho enhiesto de Carmelina Soto recibió de manos de Fabio Arias la, en ese momento ya, indeclinable distinción.

 

Carmelina honró  la Violeta de Oro.

 

Carmelina era la tierra, Carmelina era Armenia, lo terrígeno, el amor, el grito desgarrador.

 

Para Carmelina Armenia era su todo.

 

Su educación de normalista en Manizales le dio las puntadas iníciales a una formación universal que le permitió los elementos básicos para emprender un camino de lírica que la encumbró a las más altas élites culturales del continente americano.

 

CARMELINA AUDITORA.

 

No pudiésemos imaginarnos a la grande poeta, a la ensayista de encanto, metida en los anaqueles de la Biblioteca Nacional de Colombia auditando frías cifras.

 

Tal vez fue una excusa para permanecer en medio de los libros auncuando su menester oficial era el auditaje de la cuentas. Vaya paradoja.

 

Cuando su madurez intelectual le permitía recrear sus poemas y su prosa de encumbrado acento se conoció a Carmelina bolivariana y llegó  Un Centauro Llamado Bolívar.

 

Vena de historiadora crítica en la lírica  al mejor estilo del gran maestro Jaime Jaramillo Uribe. Le dieron contexto sociológico a la historia y la apartaron con la crítica de los dogmas.

 

Bolivariana reflexiva sin genuflexiones ante el ídolo, Lo aterrizó y lo volvió mortal.

 

Carmelina era purista al extremo. Una frase en su sitio y con la sintaxis y el ritmo adecuado entrelazando versos singulares en espacios circundados por la elegancia.

 

Tuve el privilegio de compartir largas charlas con Carmelina en su apartamento de la carrera 17 entre calles 17 y 18 en los altos en donde todavía existe el almacén Don Mario.

 

Llegaba estoica y ponía en una pequeña mesa de centro adornada por flores una botella de vino y venga la erudición de la maestra en marcha.

 

Un día abordamos una conversación que propuse sobre su obra Campanas del Alba y meditabunda sonreía para acelerar la vergüenza que le daban ciertos versos de su autoría en aquella época. “no quiero verlos porque me hacen sonrojar”, aducía.

 

Lo que ocurría es que había llegado tan alto de la  perfección  con su técnica y contenido que ahora le parecían flojos unos inmensos poemas de la década del 40. Esa era Carmelina, honrada intelectualmente hasta los tuétanos.

 

Recuerdo que para la época circulaba el semanario Meridiano del Quindío con la dirección de Evelio Henao Ospina, culto y disciplinado hombre de leyes y de letras.

 

Fui su jefe de redacción…y otro encargo. “Búscate a Carmelina y pídele que nos ayude con una columna semanal” dijo el director.

 

Obediente con cierta cautela acudí ante la inmensa poeta.

 

Aunque el periódico era de orientación conservadora tenía en su haber columnistas de diferentes disciplinas intelectuales y políticas por lo que Carmelina aceptó. Cada ocho días iba sagradamente a su apartamento a recibir las dos cuartillas escritas en su vieja máquina Olivetti.

 

Prosa deliciosa, crítica y muchas veces desgarradora. Pensaba en avanzada, protestaba sobre las inequidades.

 

En el acto de presentación del libro Huellas del Centenario estaba Libia Zuleta, la periodista que se convirtió en su depositaria por escritura pública de su obra inédita. Libia tampoco está hoy con nosotros.

 

Carmelina era experta en la Nada. Estoica y agnóstica.

 

No perteneció al movimiento de los años sesenta con Gonzalo Arango, X504, Jota Mario Arbeláez, Elmo Valencia o Pablus Gallinazus.

 

La Nada de Carmelina era elucubrante, viva, sentida. Podríamos afirmar que fue nihilista.

 

Discípula del verdadero creador del existencialismo Soren Kierkegaard hizo de la nada la ennoblecida capacidad para recrear lo concreto.

 

Fue de cabecera Kierkegaard el danés que influyó en Sartre e incluso en Dostoievski. La nada de Carmelina se sentía en sus poemas.

 

Carmelina se formó en los momentos fulgurantes de los Piedracielistas (1939) pero  jamás tuvo influencia en su poesía de estos grandes de la lírica nacional.

 

Guillermo Valencia, Eduardo Carranza, Camacho Ramírez eran el oráculo, con razón, de la poesía moderna. Carmelina marcó distancia en el estilo aunque no hay duda de que los tuvo como consejeros intelectuales a través de sus libros.

 

LA HUELLA DEL CENTENARIO

 

El libro histórico de Carmelina Soto Valencia.

 

Echó mano de su capacidad de libretista de radio para a través de este estilo de prosa depurada mezclada con lírica poética para reseñar las gestas de los fundadores de la Armenia de sus amores.

 

Sus libretos no tuvieron audiencia para la época del Centenario y fue, mucho tiempo después, 23 años a lo sumo, que la perseverancia de Libia Zuleta puso al alcance de todos una magistral obra.

 

Historiadora del detalle, los comportamientos sicológicos de los colonizadores, el paisaje agreste, todo hilvanado con sutileza de cirujana en sala de quirurgia. Donosura, ritmo, musicalidad.

 

A pesar de su agnosticismo Carmelina recrea con magistrales toques una semana santa de la época con todos los detalles porque notariaba para todos las creencias y la fe de los fundadores y sus familias y las de  los primeros pobladores.

 

No se necesita ser ni apóstata ni fiel para que un buen escritor pinte con su pluma cualquier estampa.

 

Carmelina fue llamada la poeta de América, respetada por todos sus pares. Hoy en encuentros de poetas está inmanente la presencia de esta cuyabra de tonos mayores.

 

Carmelina hacía de lo increíble lo creíble, jamás hizo nada por encargo.

 

Carmelina dominaba el idioma, tenía pureza al hablar y sobre todo era confiable, buena amiga, límpida y profunda.

 

Maestra por antonomasia su silueta al frente de su viejo Volkswagen jamás se borrará de la mente de quienes la conocimos y amamos.

 

LA SOLEDAD DE CARMELINA

 

Carmelina aunque tenía muchos amigos vivía en la soledad, la misma que se autoimpuso. Nada le hacía falta porque estaba en paz con todo. Taciturna, tierna en veces y airada en otras, disfrutó ese encuentro con su nada un 18 de marzo de 1994.

 

Era tal su purismo al escribir que me confió que demoró diez años, botando aquí, señalando allá, tachando acullá para producir uno de sus más grandes poemas de amor:

 

 

 

 LA CARTA

 No he muerto.

Vivo!

Vivir es maravilloso

(Puede ser hasta inútil, pero es bello)

Es ocupar un sitio bajo el sol…

Un sitio…

Y esto del sitio bajo el sol no es poco.

 Vivir es una pasión.

Una pasión tremenda.

Toda ilusión se pierde, se abate, se diluye.

Solo el hambre y la sed de vivir no acompañan.

Llama voraz, sedienta inútil.

Única ilusión.

Única lámpara

de nuestra noche irreductible.

 En el naufragio…solo su latido…

En la noche su flama turbadora.

Su fuerza. Su posibilidad definitiva.

Crucial. Única.

Vivo!

Esta verdad me exalta y me conturba.

Es septiembre…y  yo…vivo.

 Porque vivir no es solamente el hecho

de tener un amigo o un hermano

Ni haber el pan con nuestro sacrificio.

Vivir es un esfuerzo apasionado.

Arduo fuego. Brutal ejercicio.

 Vivir no es solo la palabra: Vivo.

Ni el pequeño rencor de cada instante.

Ni haber el trigo sin claudicaciones.

Ni sufrir el oprobio con paciencia.

Vivir es muy distinto.

 Es sentir la certeza, la confianza,

El ejercicio, la vigencia irrevocable,

La fuerza activa de ser

En acto puro…unísono…inefable.

 Sentir el aletazo en flamas

De nuestra propia sangre vengativa

en nuestro corazón indefenso.

Arder…en suma

y dejar que la llama nos consuma.

 Y resistirlo con valor,

Con dignidad y con dolor,

con sed, con ansia, con ternura

con amor,

con denuedo

y… y… con miedo.

 Puede ser todo esto

o algo más o algo menos.

Puede ser nuestro grito frustrado,

repetido, perdido sin sentido.

No importa!

Sólo importa estar vivo

En cada instante, en cada movimiento.

(Acto vital de júbilo y lamento)

 P.D.

Te recuerdo.

No has muerto. Qué alegría!

Sientes el son del tiempo,

Sobre la piel la mordedura fresca,

en la raíz del ser su sedimento,

su rasguño infalible?

Te recuerdo!

Te recuerdo!

Sufres? Trabajas? Te entristeces?

Te recuerdo.

 

Yo pienso en ti y me pasa por la mente

como una nube grande el pensamiento.

(Nadie puede sentir lo que yo siento)

Vives

Esta sola palabra me conforta.

 Ah…Y no me olvides

Que estoy aun sobre la tierra hermosa.