LA CALLE REAL...PEQUEÑO HOMENAJE EN SU CUMPLEAÑOS A JAMES PADILLA MOTOA
LA CALLE REAL
Padilla Motoa
MI HERMANO…EL
QUINDIANO DE OTRAPARTE
Gilberto Montalvo
Jiménez
No soy tan negro como
él y menos cuento con su inteligencia, el don de su palabra supera las
hipérboles y los matices con que conjuga verbos entrelazados con sentencias de
su caletre que parecen parábolas sacadas de elucubraciones de los
evangelistas.
Tiene magia para
encantar con ese verbo de calle que emociona a los que le escuchan con deleite
y más cuando con letanías profundas y largas entona cánticos a capela en
defensa de su amado equipo cafetero. No hay quien se le compare en las
alabanzas por los triunfos ni en los panegíricos por las derrotas.
El quindiano de
otraparte tiene la magia de un encantador de serpientes para arrimar amigos.
Los más lo quieren y uno que otro apóstata del misterioso Imán lo traiciona sin
que le genere a su vivencia odios los cuales desterró desde que andaba a
pie limpio en ese fundo carnestoléndico que lo vio nacer hace cerca de ochenta
primaveras.
Mira por debajo
de unos lentes caídos sobre un mostacho hirsuto que le da un aire de
místico Gandhi aunque es tan pecaminoso que se atreve a ayudar a sus amigos sin
pasar una cuenta de cobro. Pecador de la buena amistad.
Nos ha unido una
fuerte disposición de no enajenar una amistad por ningún coste aunque muchas
veces hemos resignado de manera recíproca entrar en debates que podrían
lastimarnos. Sólo le he reclamado airado que comparta mi deleite por Héctor
Varela o Piazzola sin que deje a su eterno amor purificado por De Angelis o
Canaro.
Cuando llegué hace 50
años también de la misma otraparte de este generoso de canción porteña y
silueta de cachafaz, no desestimó un solo instante extender la mano
generosa que apoyaba sin contraprestación alguna al desvalido y escuálido
paisano que emergía sin aliento alguno en la tierra que nos dio cobijo, hijos,
amores y uno que otro disgusto que hemos borrado con la indiferencia íntima
porque sólo hemos cincelado con buril de punta de diamante la
gratitud por todos los que nos han mantenido dentro sus fueros.
Las noches
interminables cuando su madre humilde caía en las garras de una enfermedad
incurable llorábamos abrazados sin más remedio que el que busqué afanado en un
anónimo laboratorio alemán en Bogotá tras la conquista de un alivio ante el
perturbador ataque de la naturaleza impía. Nunca cejó un instante en buscar lo que
fuera y en pasos seguros avasallado por la nostalgia comprendió que el momento
había llegado y fui quien después de que Jairo Herrera Sanín saliera de un
quirófano en el Hospital de Zona me confiara la noticia para que fuera el
mensajero para mi amigo quindiano de otraparte. Cumplí sin mostrar angustia
porque estaba frente a un varón al que me inclinaba respetuoso por su coraje y
lealtad solidaria con su progenitora. Después seguimos con su padre y
juntos dejamos los despojos de los más grandes de su vida en el destino final
de los mortales en gracia de ese dios que los acompañó por tanto tiempo y al
que hoy rinde tributo el mismo quindiano de otraparte.
Es mucho lo que
podría decirse de este pintor exquisito de empate y tinta china, corrector de
estilo, médico en potencia, trilingüe de inglés de cantarrana, español fino y
carreta ventiada en esquina de cafetín.
Cultura general que
adoba con la filigrana de un bordador de Cartago al usar sin protocolos las
mejores diletancias aun cuando los pobres asistentes a un auditorio imaginario
y memorable resignados tengamos que aplazar por horas los
destinos que demanda el día a día. Pero es inevitable no perderse su
oratoria so pena, además, de que lluevan rayos y centellas si algún
desaire llegase a ocurrir.
Un viernes 28 de marzo,
después de 39 años, se retiró sin nostalgia alguna de su casa radial RCN
donde permaneció defendiendo principios, incentivando pasiones y calmando
embrujos por un equipo que le dejó una testa sin vestigio alguno que allí
hubiese existido un cabello antes frondoso, una gastritis aguda sin remedio y
una ciática que lo postra cada que le viene en gana por la misericordia
recurrente de la nostalgia del perdedor.
Pero se fue, en
aquella remota época de hace doce años con la frente en alto, Salió por la
puerta principal por donde emiten alaridos desenfrenados los ganadores.
Debió recordar dada
su gran afición por el arte de Cúchares cuando Manolete, Paquirri, o el
El Yiyo recibían clamorosos el vértigo de un público arrollado por el encanto
de sus virtudes. Esas puertas grandes que los vieron salir a hombros son las
mismas que hoy ven partir victorioso a este ilustre de la comunicación y
baluarte de la amistad.
Cuando hace 57 años
llegó solo con una camisa y un bluyín de desecho y se entregó a las manos de
Arcesio Chica Suárez en La Voz de Armenia no adivinaba que este terruño
le diera todo, su amor por el departamento sin restricción alguna, amigos a
porrillo, una divisa futbolera que le ha quedado en deuda, unos hijos de postín
y unos nietos que al decir de sus retoños ahora será el tiempo de revivir las
emociones de los años sesenta en ese Cartago de nostalgia.
Hoy James Padilla
Mottoa, está cumpleaños, refrendando ante su público que no ha sido en vano su
quindianismo sin mesura. Le queda mucho tiempo para seguir deleitándose con sus
gustos así todos sepamos que nunca ni jamás verá a su amadísimo Deportes
Quindío recibiendo la copa que lo distinguió en 1956 como campeón del rentado
colombiano.
En mi caso
hasta el día que parta hacia el hueco negro de la nada vivirá en mi
corazón como parte de mi palpitación diaria porque a James Padilla debo
rendirle tributo por todo lo que ha sido profesionalmente pero más por su
indiscutible capacidad de servir lo que solo se paga con gratitud perenne.
Feliz tranquilidad
negro y en estos días te invito a que me expliques por qué Gardel sigue siendo
tan grande como tú.



